🔭Espacio Estelar
Artículo
ESENFRITPT

Apertura de un telescopio: qué significan los mm y por qué importan más que el aumento

La apertura, no el aumento anunciado en la caja, es el dato que determina cuánta luz recoge un telescopio y qué detalles puedes distinguir realmente.

Publicado: 20 de septiembre de 2026

Cuando alguien busca su primer telescopio, casi siempre se fija primero en el número de aumentos que promete la caja: “500x”, “600x”, a veces incluso “900x”. Es el dato equivocado en el que fijarse. El que de verdad determina qué vas a poder ver —y qué no— es la apertura, expresada en milímetros (o en pulgadas, si el fabricante es estadounidense: 1 pulgada = 25,4 mm).

Qué es la apertura, exactamente

La apertura es el diámetro de la lente objetivo (en un refractor) o del espejo primario (en un reflector) del telescopio. No es un dato secundario entre las especificaciones: es, junto con la distancia focal, uno de los dos parámetros ópticos que definen de verdad lo que puede hacer un instrumento. Un telescopio de “200 mm de apertura” recoge la luz a través de una superficie de 200 mm de diámetro, sea óptica de lentes o de espejo.

Cuanto mayor es la apertura, más luz recolecta el telescopio, y esa imagen resultante es más brillante, más nítida y muestra más detalle. Esto vale tanto para observar la Luna y los planetas como, especialmente, para el cielo profundo: nebulosas y galaxias, al tener muy bajo brillo superficial, se benefician más que nada de una apertura generosa.

Por qué la apertura decide cuánta luz ves

La relación entre apertura y cantidad de luz recogida no es lineal, es cuadrática: lo que importa es el área del objetivo, no su diámetro. Doblar la apertura no duplica la luz captada, la multiplica aproximadamente por cuatro. Un telescopio de 150 mm capta alrededor de cuatro veces más luz que uno de 75 mm, y un telescopio de 200 mm recoge unas cuatro veces más luz que uno de 100 mm (200² ÷ 100² = 4).

Esto explica por qué “unos pocos milímetros más” de apertura, sobre el papel, suponen en la práctica un salto de rendimiento mucho mayor de lo que parece a simple vista: cada incremento de apertura no añade un poco de brillo, lo multiplica.

La obstrucción del espejo secundario en telescopios reflectores (Newton, Maksutov, Schmidt-Cassegrain) reduce algo de luz, pero según fuentes especializadas no es, en la práctica, un factor limitante significativo del rendimiento real; pesa mucho más la calidad de los elementos ópticos (espejos, oculares) que la geometría de la obstrucción.

La apertura también determina qué detalles puedes resolver

Además de brillo, la apertura fija la resolución: la capacidad de distinguir como separados dos puntos muy próximos (por ejemplo, una estrella doble, o el borde de un cráter lunar). Este límite viene marcado por la difracción de la luz y se calcula mediante el criterio de Rayleigh, la referencia teórica más citada:

Resolución (arcosegundos) ≈ 138 ÷ apertura en mm

Por ejemplo, un telescopio de 150 mm tendría, en teoría, una resolución cercana a 0,9 arcosegundos. Existe también el criterio de Dawes, algo más empírico y ligeramente más optimista (aproximadamente 116-117 ÷ apertura en mm); distintas fuentes citan valores de entre 115 y 140 dividido por la apertura, según el criterio exacto que apliquen, pero todas coinciden en el mismo orden de magnitud y en la misma conclusión: a mayor apertura, mayor resolución teórica.

Conviene aterrizar esta cifra: es un límite teórico que rara vez se alcanza en la práctica. La turbulencia atmosférica (“seeing”) suele limitar la resolución real a aproximadamente 1 arcosegundo, incluso con telescopios de gran apertura. Por eso, para aperturas superiores a unos 120 mm, en observación terrestre normal el factor limitante deja de ser la óptica del telescopio y pasa a ser la propia atmósfera.

Hasta dónde te deja ver: la magnitud límite

La magnitud es la escala (cuanto más baja el número, más brillante el objeto) con la que se mide el brillo de estrellas y otros objetos puntuales; a simple vista, en un cielo muy oscuro, el ojo humano llega hasta aproximadamente magnitud 6. La apertura del telescopio determina hasta qué magnitud (más débil, es decir, número más alto) se puede llegar a ver. La fórmula más citada en fuentes de habla hispana Tier 1/2 para la magnitud límite teórica es:

Magnitud límite ≈ 7,5 + 5 × log(D), con D en centímetros

Con esta fórmula, un refractor de 70 mm alcanzaría teóricamente magnitud ~11,7, y un reflector de 200 mm, magnitud ~14. Existen variantes de esta fórmula (algunas usan D en milímetros con otra constante, otras ajustan el punto de calibración), y todas dan resultados del mismo orden, pero conviene tratarla como una referencia, no como una promesa:

  • Se aplica sobre todo a objetos puntuales (estrellas). Los objetos extendidos, como galaxias y nebulosas, reparten su brillo por toda la superficie visible, así que su magnitud observable práctica suele quedarse entre 2 y 3 magnitudes por debajo de lo que predice la fórmula.
  • Alcanzar el límite teórico depende también de la contaminación lumínica, la luna, el clima y la experiencia del observador. Bajo cielos con contaminación lumínica alta (escala Bortle elevada), la magnitud observable real puede quedarse varias magnitudes por debajo del valor teórico.

Por qué el “500x” de la caja es humo (y cuál es el aumento máximo real)

El aumento no es una característica fija del telescopio: depende del ocular que se use en cada momento (aumento = distancia focal del telescopio ÷ distancia focal del ocular), así que cualquier telescopio puede “anunciar” el aumento que quiera con solo cambiar el ocular. El problema es que ese aumento tiene un techo real, y ese techo lo marca justamente la apertura.

Distintas fuentes especializadas sitúan el aumento máximo útil en un rango de 2 a 2,3 veces la apertura en milímetros, con alguna fuente más conservadora que recomienda no superar 1,5 veces. Por ejemplo, para un telescopio de 130 mm, esto supone un aumento máximo aproximado de entre 195x (1,5x) y unos 300x (2,3x), dependiendo del criterio que se siga; ninguna fuente seria respalda los “500x” o “600x” que a veces aparecen en la caja de telescopios económicos.

Superar ese aumento máximo no revela más detalle: al contrario, produce imágenes oscuras, borrosas y difíciles de enfocar, porque se está ampliando una imagen que la apertura disponible no tiene capacidad óptica de sostener a esa escala. Como resumen, si un telescopio de apertura modesta anuncia un aumento de cientos de veces, ese número es prácticamente inútil en la práctica: la apertura es la que decide cuánto aumento merece la pena usar, no al revés.

Para saber cómo calcular el aumento útil real de un telescopio concreto y qué pasa exactamente si te pasas de ese límite, puedes consultar cuánto aumento necesita realmente un telescopio.

Recomendación final

Si estás valorando un telescopio, el dato al que merece la pena prestar atención de verdad —antes que el aumento anunciado en la caja— es la apertura en milímetros: es la que decide cuánta luz vas a recoger, hasta qué magnitud vas a poder ver y qué nivel de detalle vas a poder resolver. Aperturas mayores implican más rendimiento óptico, pero también telescopios más grandes, más pesados y normalmente más caros, así que la elección real es un equilibrio entre apertura, portabilidad y presupuesto, no solo “cuanto más grande, mejor”. Si además dudas entre las dos ópticas más habituales para alcanzar una apertura determinada, reflector vs refractor explica en qué se diferencian a la hora de conseguir más o menos apertura por el mismo dinero.

Más información

Etiquetas:#guias#como-elegir-telescopio#telescopios

Otros artículos que pueden interesarte

También te puede interesar